RETRATOS: Huerteros
En este número homenajeamos a quienes trabajan la
tierra, a quienes le piden pero también le dan. Huertas familiares que
mantienen viva una práctica ancestral y cultural que nos hace libres y
conscientes de nuestra alimentación. Técnicas y conocimientos que pasan de
generación en generación, nuevas filosofías y prácticas alternativas, y hasta
tutoriales en youtube; todo es válido para empezar con nuestra huerta.
Además de consumir verdura fresca y
orgánica la huerta nos sirve para despejarnos y conectar con la naturaleza, ya
sea en un patio, en una maceta o en el campo.
Luis Humberto Benavente
Está jubilado y le dedica prácticamente todo el día a la huerta.
Son casi 1500 metros de tierra labrada con el método tradicional de surcos perfectamente carpidos y alineados. Tiene más de 600 plantas de tomates, 200 de morrones, 200 de acelga, zapallitos, melones, sandias, lechuga, pepinos, maíz, mostaza, aromáticas y la lista podría seguir. Esa enorme producción la comparte con amigos y vecinos.
Matías Lemos y María de los Ángeles “Piqui” Lupo.
Matías y Piqui promueven los valores de la
Permacultura, una filosofía de trabajo con, y no en contra de la naturaleza;
entendiendo a las plantas y los animales en todas sus funciones.
Cultivan verduras de estación, aromáticas y flores .
“El negro de la Tala” y Soledad Vergés
Tienen la huerta en el patio de su casa. Producen
sus propias semillas y plantines. Tomates -italianos y negros-, lechuga,
acelga, zapallos verde y plomo, remolacha, chauchas, morrones. En su record
cuentan con un zapallo plomo de 20 kilos.
Producen para consumo personal y también
comparten con vecinos .
El negro aprendió solo, pero todos los días
mientras se toma unos mates antes de ir a trabajar mira youtube para seguir
aprendiendo.
Algunos veranos suelen estar hasta la madrugada en la huerta.
Enrique Cúcaro
En la actualidad tiene una huerta para consumo
personal y por entretenimiento pero hace cerca de 20 años producía para la
venta. Tres terrenos donde llegó a producir quinientos kilos de tomates y hasta
mil choclos. Su padre, inmigrante italiano, le trasmitió mucho del conocimiento
huertero. Lo completó trabajando en una estancia en Tandil con huerteros
franceses.
En su record cuentan plantas de tomates de hasta
un metro ochenta de alto y tomates que llegaron a pesar un kilo.
Encontró la solución al terror de los quinteros -el bicho moro- de la
forma mas extraña: “Una mañana me levanto y veo todo el sembrado de papa, gris
de bichos moros. Justo pasaba un paisano vecino - Bourdieu- y me dice yo te los voy a correr. Yo le tenía
fe porque era medio diablo. Midió el terreno y se paró en el medio, no sé qué
repertorio hizo pero no quedó ninguno. Y me dijo, te van a molestar pero no
mucho, y nunca más volvieron”.



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