Voces de la Aldea: Eugenia Fittipaldi “Para mí la literatura es un refugio”


Eugenia Fittipaldi es escritora, nació en Tapalqué y actualmente vive en Tandil. Tiene tres libros publicados para las infancias. El primero, “Hechizos en burbujas”, fue editado de forma independiente en 2012. Le siguieron “El mejor chocolate del mundo”, publicado por Ed. Cheuque en 2022, y recientemente “¡Ay Anahí!”, también con Cheuque, un libro bellísimo escrito en versos e inspirado en las hierbas medicinales de nuestra región.

Eugenia ama la naturaleza, ama viajar, ama la magia de lo simple, y esa sensibilidad atraviesa todo lo que escribe


¿Soñabas con ser escritora?

Empecé a escribir desde muy chiquita. El primer cuento que escribí fue en segundo grado. Me acuerdo que la maestra me llevó por todos los salones para contarlo. Lo único que recuerdo es que se trataba de dos gotas de agua. Siempre tenía que ver con el mundo de lo fantástico.

 

¿Qué te atrae de escribir para las infancias? ¿Qué diferencias encontrás cuando escribís para adultos?

A medida que fui transitando distintas etapas, empecé a explorar diferentes géneros. Hace unos quince años comencé a adentrarme en el mundo de la literatura infantil, a partir de un proyecto con un amigo. Empezó como un juego de ensamblar ilustración y narrativa.

Fue muy complejo encontrar una voz literaria que apelara al mundo infantil con toda su profundidad. A veces pensamos que escribir para las infancias es simple, pero es todo lo contrario. Cuando escribo para adultos edito mucho menos.

Es un mundo que me apasiona, y cobra sentido cuando narro y me encuentro con lxs lectorxs, y descubro cómo las historias influyen en su forma de percibir el mundo.

 

Tus libros son bien diferentes entre sí. ¿Cómo elegís de qué tratará una nueva historia?

Hay muchas historias escritas, y pocas son las que se publican. Tiene mucho que ver con el proceso creativo, con lo sensorial y con las imágenes. Yo escribo en imágenes, y desde ahí nacen lxs personajes, que tienen mucho que ver con personas que aparecen en mi vida y tienen algo para contarme. Es un personaje que se crea entre mi imaginación y lo que percibí de ellos o de ellas.

Hace unos años, estudiando con Graciela Repún —a quien considero mi gran maestra— entendí que escribir es una forma de habitar todas las realidades y todas las emociones. Para mí, la literatura es un refugio.

 

¿Recordás algún libro que te haya marcado cuando eras chica?

Cuando era chica, amaba ir a la biblioteca. Terminaba un libro e iba a buscar tres, que era lo que me dejaban retirar. Los leía y volvía por otros tres.

Tengo muy mala memoria, pero hay muchas autoras y autores que influyeron en mi camino literario. Y aún hoy sigo leyendo para descubrir estilos, maneras de narrar y de ver el mundo.

Leía a María Elena Walsh, por supuesto, a Elsa Bornemann, a los Hermanos Grimm —esas colecciones de clásicos en formato de enciclopedia—. También muchas leyendas. Me acuerdo que tenía diez u once años cuando leí El escarabajo de oro, de Edgar Allan Poe. Y también a Horacio Quiroga.

 

¿Qué cosas de Tapalqué te acompañan cuando escribís?

De Tapalqué me acompaña la calma del pueblo, las imágenes de los árboles del arroyo, los días en bicicleta. La tranquilidad del agua, ese arroyo inmenso. Para mí, Tapalqué es la libertad de la infancia y también la libertad de la escritura.

 

¿Qué les dirías a quienes sueñan con escribir un libro algún día?

Contar historias de manera oral es parte inherente del ser humano. Escribirlas es otro paso. Hay que animarse a plasmarlas y darles tiempo. A veces una historia empieza de una forma, y a medida que la leemos y editamos, va tomando otra.

Creo que la paciencia y el tiempo son claves en el proceso de escribir. Les diría que no dejen de escribir y que le den espacio al proceso.


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