La vuelta del perro: Po los nombres de los comercios

Hace un tiempo descubrí una obra de arte contemporáneo que me llamó la atención. Se llama Mapa Mundi, y su autora es Rivane Neuenschwande,  una artista brasileña. Se trata de una serie de fotografías reproducidas en postales donde se ven locales comerciales de Brasil -Incluyendo moteles, bares, iglesias y tiendas- que llevan nombres de continentes, países y ciudades extranjeras; entre ellas se incluyen las lejanas Alaska, Bagdad, Texas, China, Jerusalen, Hollywood, las Vegas y muchas más.

La obra señala lo que parece una costumbre de los brasileños. Me pregunto qué deseos se proyectan en esos nombres, en ese intento de pertenecer al mundo globalizado. Sera que lo exótico los fascina. O son, tal vez, testimonios de un anhelo.


Y entonces pensé en Tapalqué.

Acá los comercios no se nombran con palabras importadas o con promesas de otra cosa. La mayoría se llaman como sus dueños o sus apodos, cuentan algo de su historia o simplemente nos dicen quién está detrás de cada mostrador.

Y lo que podría ser una aparente falta de creatividad, se me antoja, una costumbre que revela quiénes somos, cómo nos tratamos, cuánto nos conocemos. Hablan del lugar desde adentro. Son, por qué no, una forma de memoria oral. 


Entonces uno se encuentra con minimercado “El cholo” o con “Casa Goro”, ambos comercios históricos, que hoy, con nuevos dueños, sostienen el nombre de sus fundadores. Los que abrieron más acá en el tiempo apelan al mismo efecto: “Cotillón Carmen”, por ejemplo, o haciendo un juego de palabras “Soy Yo”, de Yoseli, también los recién llegados “Lo de Beco” y “Repara electro: Agustín”.

Hay algunos que me encantan: “Las porras”, una regalería de dos hermanas de rulos memorables; o simplemente “Lavadero el mono”, de nuestro ya conocido Mono Pensado.

Hay quienes prefieren usar la combinación de dos nombres: Carnicería Gas-Mar. de Gastón y Martín, o despensa Mi-Ser de Miriam y Sergio. Y los minimlistas que se quedan solo con las iniciales “Pollería FC” inciales de padre e hijos.


Por supuesto que están los que eligen solo su apellido: “Forrajes Álvarez”, “Frutería Galarce”. Hay otros que son un homenaje: “Bodegón 1887” es la fecha de fundación de una panadería histórica cuyo local hoy es un restaurante. “Quinta Cosiaco” recuerda al abuelo del dueño. Y uno más simple pero que es casi un micro relato: “Ferretería El chaqueño”.


Existe otra categoría que me fascina: lugares que la gente se niega a llamar por el nombre que reza el cartel e insiste en el apellido o el apodo del dueño: Pocos saben que la ferretería de los Rubino se llama en realidad “La unión”. Y a la “Panaderia el águila” por más que exhiba un cartel con el ave incluida en su fachada, la conocemos por el apellido de la familia “Lo Nasello”.


A veces, cuando camino por el centro o por las calles de los barrios, pienso que cada cartel es el titulo de una historia.

Nombrarnos así es una carta de presentación y es también una manera de estar juntos, una forma en la que se manifiesta una idea de comunidad.


Los comercios nos ubican en el espacio, porque son la referencia obligada para indicar una dirección, pero también  en la memoria. Porque esos nombres no prometen mundos lejanos. Prometen algo más difícil de encontrar: el mundo propio.



La lista podria seguir y remontarse hasta la mismísima fundación del pueblo. Pero ese juego de memoria se lo dejo a cada lector y quien se anime lo señala en nuestro mapa.


1- Minimercado El cholo
2- Casa Goro
3- Frutería Galarce
4 -Panadería el Águila (Lo Nasello)
5- Forrajes Álvarez
6- Lo de Beco
7- Despensa Mi-Ser
8- Carniceria Gas-Mar
9- Soy Yo (de Yoseli)
10- Quinta Cosiaco- Cabañas Angélica y Miguel
11- Bodegón 1887
12- Contillón Carmen
13- Regalería “Las porras”
14- Ferretería la Union. (Lo Rubino)
15- Repara Electro: Agustín
16- Pollería FC

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